Parece como si el imprevisible Nicholas Ray se hubiera propuesto hacer de su música algo tan enmarañado como el nombre del proyecto que cobija sus devaneos estilísticos. Pues oigan, nada que objetar por mi parte si el peloto le sigue funcionando con este rendimiento: menos turbio y fibroso que sus dos primeros elepés, dando un inesperado volantazo a las píldoras contagiosas que conformaban la mayor parte de “A New Commotion, A Delicate Tension”, “In the Meantime…” avanza por sendas igualmente intrigantes, nunca contradictorias y más radicales que nunca. Ni una concesión, ni un guiño, ni un amago de hit-single para la galería, tan sólo música con una prolija y descarriada vida por delante. Ya sea buscando inspiración en el más señero rock alemán (vía Yo La Tengo, inesperadamente: no es un chiste la actual filiación de esta banda con la rama más talentosa de la llamada música alternativa) o combinando la inagotable veta de la Velvet Underground con paletadas de post-punk exigente, dub de la rama dura incluido, VLADRM vivifican un cuarto capítulo tan inefable como magnético, poroso, repleto de recovecos que piden más escuchas, art-rock en el que lo artístico tiene su fundamento y el filo visceral contagia y perturba. Prejuicios fuera los que sigan soñando con un nuevo “Smash Radio Hits”: aquel sigue siendo uno de los mayores discos de Rock de los últimos años, de acuerdo, pero en el camino y el movimiento está la vida. La guarnición es más estilosa y formalista que nunca, pero el plato resultante ofrece un regusto genuino a carne sangrante; una oferta palpitante pese a sus irregularidades, muy difícil de rechazar una vez saboreada y plenamente recomendable.
José Luis Torrelavega.
|